Kronistas del Trópiko por el Caribe de Benkos Biohó

El colectivo Malicia Zudaca presenta a su querida especie lectora el resultado de nuestra pedagogía ambulante con talleres de escritura periodística relacionados con la crónica, sean bienvenidas las jóvenes voces subjetivas que emergen desde lo más profundo de Tierra Bomba, y el legendario Palenque San Basilio, en el marco del proyecto “Kronistas del Trópiko por el Caribe de Benkos Biohó”, ganador de la Beca de Circulación en Mercados culturales para ganadores de la convocatoria Estímulos 2019 de la Secretaría de Cultura de Cali, que apoya la apertura de canales de movilidad y circulación para artistas y gestores culturales en los distintos campos de las artes y la cultura con el fin de promover la visibilidad, el intercambio, la apertura de nuevos mercados y la integración a circuitos más amplios de la industria cultural.

SAN BASILIO DE PALENQUE

¡Palenque! ¡Que nombre! ¡Que hazaña! Al escuchar el tambor de manera colectiva en el festival, mientras la comunidad se torna alegre el cielo ha de abrir sus puertas; se reúne la jarochería de Afrocolombia. Palenque contagia… la belleza de los jóvenes enamorados, el encanto de las estrellas a lo lejos en el cielo. Bendita noche que contempla el amor de tu mirada, como el palenquero que rompió cadenas para acariciar su libertad. 

Walberto Torres Pérez


El ser va como viene a este mundo, nacemos para andar. El 12 de octubre de 2019, decidí nuevamente ir a Palenque, otro viaje al origen de la Libertad. Alisté mi mochila, tomé mi bolso negro y metí un par de trapos a los que yo les llamo ropa; no podía faltar mi color favorito: el negro.

El negro viste de negro también para ver el cielo oscuro donde se posan las estrellas que alumbran el infinito suceder. En el bus que cogí en la carretera Troncal de Occidente desde Cartagena hacia Palenque, tuve la fortuna de ir en el bus de María la baja. Cruzando el Canal del Dique a la altura de Cinserín se subieron unos tambores y la gente les pidió que tocaran, que cantaran: “Ey, toca esa vaina jarocho”. Sonó la música, el tambor entró en escena entre vendedores ambulantes de diabolines, arepas y toda clase de delicias.

Ante ese acto inesperado saqué mi celular y los grabé. Me dije a mí mismo: “el camino hacia Palenque reúne a todos los ancestros”; sabía que no iba solo, ellos gritan en la casualidad de un vendedor, de un cantor de río.

Me bajé en Vizo, con esas ganas de jarochería, de ir a fregar. Luego reposé las pulsaciones, mi deber es trabajar y venía a eso, a establecer redes, enlaces entre colectividades.

Jasmer Pajón Martínez


Llegué el martes 8 de octubre, dos días antes del comienzo del festival de Tambores. Llegue con los ojos de otro. Él ni siquiera es humano. En su cuadra lo bautizaron con su apodo y así se quedó. Se llama Walberto, nació, creció y vive en Palenque. Es un chigüiro, vive en una tierra orgullosa de su libertad que me enseñó que la palabra esclavitud no existe en su contexto. Le veo sus dientes blancos, llenos de jarochería, igualitos a lo de su colectivo que dos noches antes de esta me presentó. Ahora me prometió, el chigüiro, llevarme a escuchar tambor bajo un cielo abierto y tal vez lo más difícil: me prometió enseñarme a bailar.

David Cortés


Recién despierto a causa de la alarma, lo primero que llega a mi mente es el hecho de que hace sueño suficiente como para levantarse a estas horas: 5:15 a.m., pero me sacude el recuerdo de que debo volver a ese lugar al que le he tenido un cariño entrañable: San Basilio de Palenque. Cómo no despertarme de un brinco de entusiasmo si es la fecha de sus fiestas. El día anterior había llamado a todos los del colectivo a ver quien se animaba a acompañarme. Jorge es aquél amigo con el que sabes que cuentas. Nos hemos encontrado cada año. Esta era la tercera vez que sus tambores me llamaban. Jorge llamó a confirmar bus y ruta. Empaqué de carreras. El viaje se pasó de corrido. Hasta que al fin tocamos tierra cimarrona. ¡Yay! Grito internamente de la emoción, es que estos niveles de jarochería no se viven todos los días, aunque el mismo cielo nos cubre, es un pueblo no tan visibilizado como se merece. El primer pueblo libre de América, declarado por la Unesco  patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, son solo títulos que desde mi perspectiva se han ganado con honor y sacrificio.

Jenny Contreras Petro


Desde hace 34 años, en el primer territorio libre de América Latina, se reúnen colectivos en torno al tambor, la alegría, el calor, el bollo, la cultura y la ancestralidad. Palenque, territorio libertario abre su cielo para recibir a cercanos y lejanos al son del tambor y la jarochería. La guardia cimarrona acompaña, las mujeres comparten sus saberes en la cocina, sus olores culinarios, sus resistencias de vida, los niños y niñas bailan, gritan al ritmo de las luces de colores y el humo que rodea. La energía del lugar se cubre de una atmósfera de libertad dancística, jarochería digna del Caribe y el Abya Yala. Que nuestro paso por Palenque sea tan digno, como la historia de este territorio y quienes lo habitan.

Maria Teresa Bernal Saavedra


Al despertar los silbidos y soplos de varios picós que rodean este espacio húmedo y caluroso. Una cama de sábanas verdes que no es la mía. A través de la ventana veo un cielo azul despampanante. Lo siento propio. Me invita a salir a la calle más cercana. Cada uno de mis pasos vibran como  un tambor que me acerca a lo desconocido. Con asombro y un olor a madera volviéndose fuego observo el rastro de una noche bañada por la luna creciente, la jarochería que junto a rolos, caleños, samarios, holandeses y paisas recorre cada pisada en el barro que almacena historias del colectivo en Palenque. Gente de aquí y de allá que caminan y bailan al son que les pongan, el de la Libertad.

Laura Matiz Arévalo


Once de octubre. Estaba en Cartagena esperando el momento preciso para ir en busca del bus que nos llevaría a Palenque. Llegamos al terminal acompañadas por un cielo gris que llamaba lluvia. Sentí la ropa pegada a la piel húmeda por el clima. Preguntamos dónde podíamos abordarlo. “Ahí está amiga”, nos señaló un joven mientras limpiaba con la mano el sudor de su frente. Un bus grande y viejo estaba parqueado en una isla de la terminal. Subimos las escaleras metálicas y buscamos puesto; habían de tres asientos al lado derecho y de dos al lado izquierdo. No sentamos al derecho, cerca de una ventana.

Mientras esperábamos, el bus se iba llenando de pasajeros de pieles brillantes, empezaba el barullo, esa algarabía en la que se juntan pregones de venta, gritos, charlas y burlas, el bus tenía dos puertas, así que en la espera un desfile de vendedores entraba y salía. “Raspao, panochas dulces, tocineta amiga, limonada fre´ca pal calor”. Había pasado tiempo y los pasajeros se impacientaban: “¡No joda que arranquen!” “¡Eche!, ¡ya han salido dos buses y nosotros no!”. El cielo se rompió con sonido de tambor y cayó tremendo aguacero. El bus andaba y yo solo podía pensar en que iba rumbo a la tierra de la libertad. Luego abordamos una moto, se levantaban frente a nuestros ojos palmas y árboles de todos los verdes. La lluvia aún nos acompañaba. Llegamos. Caminos de piedra, una calle llena de diferentes alimentos: papas rellenas, empanadas, bombones de pollo, la plaza, la gente saludando, la música, la jarochería, el colectivo. Llegamos sin duda a tierra de misteriosa esencia. La tierra de Benkos Biohó.

Natalia Mesa

TIERRA BOMBA

En Tierra Bomba hay lanchas, playa, casa, una cancha de futbol y motos. Sus colores son rojos, azules, amarillos, morados, negros, rosados, cafés, salmón, verdes y blancos. Huele a perfume, chorizos, arepas, pescado y carne. Por las mañanas venden fritos, salen a pescar a las 4, venden raspado, helados, sopa con arroz, patacón con gordito y arroz con chuleta.

Yarelin Fernández


Mi nombre es Alejandro y voy a hablar de mi isla. Tierra Bomba es una isla hermosa rodeada de playas y animales. En ella hay pescadores, boxeadores, cantantes, futbolistas, lancheros. Estamos firmes. Todos nos ayudamos, nos damos la mano cuando lo necesitamos. Cruzamos al otro lado a través del mar en lanchas que cobran 5 o 3 mil pesos según la edad. La comida es muy rica; el arroz, el pescado, el boyo…

Hablemos de los pescadores, las cosas que ellos usan son el Tracamayo, la atarralla, el plástico de pescar y su lancha. Nuestra cultura es de pesca, baile y danza.

Alejandro Córdoba


Tierra Bomba es mi isla. Aquí se vive de la pesca, es nuestra cultura. Al despertar se puede disfrutar de una hermosa vista al mar, una playa azul, el color del sol, pescadores con botes o cancas verdes, grises y marrones. Por las mañanas encantan sus comidas: patacones, papas, chorizos, queso y suero entre otros.

Aquí nos gusta bailar, soñamos con una gran academia de baile. ¡Esta es mi isla!

Naisbel Córdoba Godoy


Soy Carlos Chico y soy de Tierra Bomba, una famosa isla encantada. Sus lindas calles están cubiertas por el firmamento vino tinto, por el sonido de las olas y el viento que pasa y alivia el alma. Abajo el mar, azul, y una división entre él y la isla, con  una lancha negra y roja que me lleva a playa linda.

Carlos Chico Moncaris


Tierra Bomba es una isla que se ve desde Cartagena como una serpiente en el horizonte. Sus árboles lucen como escamas. Al llegar se pueden ver las lanchas parqueadas en tierra y la gente conversando. El aire que se respira es fresco, con olor a mariscos y algas.

Al caminar por las calles se ven las casas de cemento. Cuando el sol sale se levantan a trabajar los latigueros, salen en sus lanchas, transportan gente hacia la ciudad de Cartagena y así traen el sustento a su familia.

La gente aquí se saluda al encontrarse por la calle o en el parque. Se siente la buena vibra. En la noche se escucha el sonido de las cantinas y el pikó desde lejos, el ambiente se torna ruidoso. Esos lugares se tiñen de muchos colores: rojo, amarillo, azul. Allí huele a alcohol y a sudor.

Luis David Herrera


En mi isla hay pescadores, buceadores, cantantes, gente como mi prima la cantante, elegida por su isla como una cantante muy famosa entre sus compañeros. Aquí los pescadores usan tracamayos, atarrayas y nylon. Estamos llenos de árboles y rocas. Comemos arroz con coco, arroz de frisol, arroz de paneca.

Moises Alejandro Córdoba


Tierra Bomba es una isla de muchas tradiciones como el pozo de aljibes. Estamos orgullosos que nuestros antepasados nos hayan dejado este trozo de tierra aislado en el mar. Aquí hay lanchas, huele elegante y feo al mismo tiempo.  Todas las mañanas nuestras madres se levantan y nos preparan el desayuno. Mientras comemos escuchamos la venta de la boletica.

Mauro José Morales


Una pequeña isla con más de mil habitantes y playas azules. Cada mañana los pescadores y lancheros salen temprano de sus casas, con remo en mano, suéter y mangas largas para no quemarse con el intenso sol, mientras los lancheros salen con sus bolsos puestos y con un galón de gasolina. Las mujeres de la comunidad salen a vender desayunos como papas fritas con salchichas, arepas de huevo, papas rellenas con huevo sancochado, mini arepas con pollo o carne guisada, patacón con gordito. Otros salen a barrer sus casas, los niños a jugar frente al mar, los perros corren detrás de las motos cuando pasan con sus pasajeros hacia Punta Arena. Algunas mujeres de la comunidad solo se sientan en las terrazas de sus casas a hablar. Algunas se van parjugo dea las playas a hacer peinados o masajes a los extranjeros. Nuestras calles están adornadas de casas de muchos colores hacen que la comunidad sea alegre. En las tardes invaden los aromas de cada comida; arroz con pollo, sopa, lentejas. Los niños negros por el sol salen del agua con hambre. En las playas hay enramadas de palmas secas, sillas de madera hechas a mano y conchas que adornan su orilla. El reflejo del sol en las ondas de las olas resplandece bellamente.

Maria José


En Tierra bomba huele a de todo: comidas rápidas, sopa con arroz, jugo de mora, desinfectante, aromatel para lavar la ropa, tirito y trakitraki. Aquí desayunamos muy temprano arepa e´ huevo, empanadas con carne molida o queso, patacón con carnecita o pollo guisado, yuca con chicharrón o pescado frito. Se venden las boleticas y el chance, la citronela y la alorba para las hormigas. Las personas se levantan muy temprano para ir a pescar y vender los pescados.

Valeria Llerena


Tierra Bomba es una isla del mar Caribe con 4 mil habitantes donde se vive de la cultura. En las mañanas lo primero que hacemos es levantarnos y darle gracias a Dios por un día más de vida. Después nos lavamos las caras y los dientes. Nuestras casas son moradas, verdes y fuccias. Cuando salimos a la calle vemos el resplandor de la luz del sol. Las señoras salen con sus escobas y venden desayunos como arepas con yema e´ huevo, arepas con pollo o carne, patacón con pollo o carne, jugos de frutas, arroz con pollo o carne.

Después de desayunar nos vamos para el colegio donde muchas veces cantan los gallos por la mañana y cuando entramos o llegamos a la escuela hay jóvenes vestidos con pantalón verde oscuro y suéter gris. Al medio día salimos y vemos lugares donde hay muchas basuras: echan vasos, platos desechables, y más cosas. Después vamos a la playa y desde donde vemos el mar azul y el sol bañándolo con su luz. Las lanchas pasean a los turistas. Hay kioskos donde se come patacón con pescado y ensalada, cortes de camarón, y muchas cosas más. También hay niños que se divierten y discotecas de colores fluorescentes.

Claider Junior Delgado


En las mañanas mi mamá se levanta. Lo primero que hace es lavar su cara, después nos hace de comer para irnos al colegio. Todos los días nos levanta a las 5 de la mañana. Al levantarme olfateo el aroma del café, veo las calles mojadas, el azul del cielo, el verde opaco de las hojas de los árboles. Camino hacia el colegio y veo siempre a los viejitos que se ponen a cucharear. Paso por lo puestos de ventas de desayunos, hay arepas de huevo, papas, arepas con pollo. Saludo a los muchachos de la venta. Llego al colegio y veo a mis compañeros uniformados, el suéter gris parece que estuviera sucio. Todos estamos ansiosos esperando el campanazo de salida hacia el recreo para ponernos a cucharear sobre todo lo que nos sucedió el fin de semana, hablar de chicos, de ropas, de modelos y unos cuantos chismes.

En el descanso se escuchan bullas, los muchachos juegan futbol, unas pocas chicas juegan quitbol. Suena el timbre de entrada, diez minutos de charla muy importante sobre prevención de embarazos. Suena nuevamente la campana, ya es hora de irnos a casa, salir del salón, hacer bulla por toda la calle, bailar y cantar.

Cuando llego a casa reposo, almuerzo y duermo hasta las 6 p.m.

Eileen Moncaris Cardales

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